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Jesucristo, ¿el primer emprendedor de la historia de la humanidad?

Jesucristo dejó trazado, implícitamente, su insignia mercadológica que, hasta ahora, le sigue funcionando: él, crucificado sobre la cruz, sangrando y sufriendo, es el emblema más representativo del cristianismo actual. Incluso la imagen se extendió hacia lo publicitario.

Jesucristo, ¿el primer emprendedor de la historia de la humanidad?

Según la liturgia católica, durante la Semana Santa se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Hoy, Viernes Santo, se recuerda la muerte en la cruz del fundador del cristianismo: Jesús de Nazaret.

A la fecha, la versión de cómo murió crucificado Jesucristo, bien podría ser una analogía de la fundación de una empresa; que como toda buena empresa, con sus crisis y altibajos, ha logrado siempre salir victoriosa y tener un público bien fidelizado. Así se puede notar cómo Jesucristo podría ser el primer emprendedor de nuestra historia.

Si echamos mano de los anales bíblicos, habrá que recordar quién fue Jesús de Nazaret: un chico, quien a los 33 años dio su vida por la humanidad.

Creyentes o no, después de esa crucifixión, el “mercado” del catolicismo se amplió. Ese chico que todos vemos interpretado, o que está representado en una cruz en las iglesias o en muchas casas, es la base del establecimiento, fortalecimiento y durabilidad que cualquier empresa envidiaría tener. Para ello se pueden diferenciar 5 puntos:

1.- Dominio del mercado

Clamada su crucifixión, Jesús de Nazaret supo que lo tenía que hacer. Tenía que hacer caso al pueblo que pedía su muerte, y al mismo tiempo a quienes les había prometido hacerlo. Sin duda cumplió con la estratagema de “dominar el mercado” en el que se encontraba en aquellos años 26 y 36 d. C., en los que dio su vida por la humanidad.

2.- Análisis de la competencia

Aunque parezca impresionante, la moral y el compromiso desde aquellos siglos tenían un valor incluso mayor que el monetario. Por eso, aquella palabra que Jesucristo empeñó ante su pueblo, fue cumplida a rajatabla. Supo que su misma competencia sería él mismo. Si hubiera cambiado el discurso para no morir en la cruz, definitivamente se habría convertido en su propio enemigo. Pero no fue así. Superó a su propia competencia.

3.- Trazado de un plan de mercadotecnia

Jesucristo dejó trazado, implícitamente, su insignia mercadológica que, hasta ahora, le sigue funcionando: él, crucificado sobre la cruz, sangrando y sufriendo, es el emblema más representativo del cristianismo actual. Incluso la imagen se extendió hacia lo publicitario. Y de esta manera, hasta este momento, quien conoce lo mínimo de la historia de Jesús de Nazaret y ver la imagen, ubica perfectamente la religión de la que se le está hablando, y “fideliza” la idea de su «audiencia».

4-. Creación de alianzas estratégicas

Religiones como el luteranismo o judaísmo, de las que incluso se puede profundizar o no, de inmediato “suena” a traición de una figura de Dios o a herejía. Es así como, cualquier religión que no sea cristiana o difiera un mínimo de sus ideales centrales, va contra ese 49% de católicos que hay al menos en América Latina.

5.- Formación de un equipo de trabajo fuerte

Pese a los desafíos que en las últimas décadas ha enfrentado el cristianismo (limpiar su imagen de la pederastia, principalmente), la figura de personajes como el actual papa, quien con su discurso, ha asumido las problemáticas que enfrentan como religión, eso ha sido suficiente para mantener viva una creencia que, como tal, seguramente jamás desaparecerá ni tendrá sustanciales menos adeptos.

Pero que como empresa, representa la mejor fórmula para emprender una empresa, teniendo como claves: lo moral, lo emocional, y sin duda, la victimización y la perfecta estrategia de hacer de que los aliados y la competencia lleguen y se alejen con el perfecto uso del discurso oral, sin campañas más costosas que las de la simple y sencilla palabra que hace tantos siglos funcionó para fundar la religión más poderosa del mundo.